08 enero, 2026

Rumbo a Penco


Tenemos un camino variado entre tipos de carreteras (autovía, carreteras locales, caminos) hasta nuestro destino en Penco. En general las carreteras están bien de firme, hay bastantes autopistas (casi todas de peaje) y algunas marcadas como carretera, que son sin asfalto, normalmente en sectores rurales para acceder a las viviendas diseminadas por estas zonas.
Hay peculiaridades que destacan frente a la costumbre de nuestras vías. Quizás la más llamativa es la que anuncia en plena autopista de peaje que puede haber peatones en los próximos kilómetros.
También son destacables los lugares que dan colaciones (menús) al borde de la autopista, avisados con una señal de límite de velocidad a 100 km/h y un rótulo de precaución. Es frecuente que se produzca una congregación en estos lugares de locales para almorzar, donde se combinan con puestos de verdura y frutas, igualmente al borde de la carretera sea autovia o no.
Lo más similar a los servicios en ruta de Europa son las estaciones de servicio. Hay tres compañías grandes y alguna local. La más frecuentada por los chilenos es Copec, aunque sin una razón meditada nosotros nos hemos aficionado a la Shell.
No hay una razón de antemano, pero sí una causa práctica y es que suelen estar más vacías y a mí no me gusta hacer cola, jejeje. Hemos intentado averiguar el porqué de este hecho ( el precio y servicio no son la causa), pero a día de hoy no hemos encontrado la explicación de las largas colas para abastecerse en COPEC y prácticamente libre al lado una de SHELL.
Los lugares para almorzar se pueden dividir en dos tipos: los puestos donde se puede tomar un completo (perrito con chucrut, palta (aguacate), tomate natural y aderezos (mostaza, mayonesa y ketchup)) y los lugares que dan colaciones (entrante, plato de fondo y una ensalada) lo más similar a nuestros menús en España. Eso sí, las colaciones no incluyen ni bebida ni postre en ningún caso.
El tipo de construcción y ambientación interior de estos locales es muy variado, en la imagen que muestro, es uno de los más elegantes que nos encontramos en nuestro camino.
En este caso nos dieron de entrada unas típicas sopaipillas con salsas, ensalada y de fondo una rica cazuela  de res. Bebimos una botella individual de vino blanco (dos copas), una cerveza y agua. El coste total del menú de los tres fueron 24.000 pesos chilenos (unos 23€ al cambio con la comisión del cambio incluida). Por cierto,  la propina en Chile es voluntaria del 10%. Es decir, una vez hecha la consumición, al presentarnos la cuenta nos preguntan si incluyen la propina y la añaden si estamos de acuerdo (la cantidad que expresé antes, es incluyendo la propina).
A destacar que el servicio que hemos encontrado en toda la hostelería ha sido muy cercano, amable y con una sonrisa constante. Como curiosidad de la sencillez en la atención,  cuando hemos preguntado sobre si picaba mucho el plato o el vino era dulce o seco, la respuesta es siempre la misma: " no lo sé, no lo he probado". Puede que al leerlo suene algo borde, pero puedo asegurar que en directo es absolutamente simpático.
Una característica que nos llamó la atención desde los primeros kilómetros es la profusión de pequeños santuarios con cruces, velas, flores e incluso fotos y objetos. Son pequeños memorial donde se recuerda a algún fallecido cercano. En Chile a estos lugares se les denomina "animitas" y provienen de la mezcla de las prácticas indígenas de marcar lugares sagrados con la  tradición de la fe católica de recordar a los muertos. La idea es que el alma queda ligada al lugar de la muerte trágica.
La abundancia de estos santuarios es muy alta e incluso en determinados lugares se encuentran hasta 6 ó 7 memorial de personas diferentes, que dan apariencia al lugar de cementerio, si no fuera porque no existen restos óseos en dicho lugar.
Los hay sencillos y más elaborados, como es el caso del ejemplo de la foto.