Es un antiguo puerto que tuvo más relevancia en otro tiempo y que ahora con unas sencillas chalupas, mantiene una cierta actividad económica de carácter familiar.
El recibimiento de corboranes, augura que hay pesca cerca. Hemos llegado pronto y no hay mucho personal paseando por la lonja. Cuando nos fuimos de la lonja unas horas más tarde, está calle estaba atiborrada de gente.
Visitamos los puestos de caracolas donde había también algas secas que las mastican a modo de chicle mascándolas en la boca. Las probamos: están muy saladas y no les cogimos el gusto.
A pleno Sol un pescador fileteaba merluza austral, que no es tan sabrosa como nuestra merluza del Cantábrico, pero está agradable de sabor.
Encontramos un sindicato bastante simpático de "mujeres de pescadores", que se encargan de las explotación del producto final en la propia lonja.